Estaba viendo ayer en youtube algunos capítulos de una miniserie llamada "Napoléon y Josefina "y en una escena elegantemente erótica, Armand Assant (Napoleón), expresa la intensidad de su amor por Jacqueline Bisset (Josefina) diciéndole: "Tú eres mi obsesión", palabras que me hicieron recordar que un perfume muy conocido utiliza esta misma frase como slogan y promete a los usuarios un atajo hacia la pasión y el romance. Hay una película por ahí titulada "Se presume inocente", en la cual el personaje principal sigue anhelando la ardiente sexualidad de su relación amorosa después de la muerte de su amante, y como los ejemplos anteriores hay cientos que nos presentan una imagen negra y psicótica del amor arreglándoselas para pintar las disputas constantes entre la pareja como un estado de pasión insuperable.
Parece ser que desde tiempo atrás, la cultura popular ha fomentado la fascinación romántica por lo que vulgarmente conocemos como "El amor apache", en la cual las infidelidades, los apasionados reencuentros y frases como "Es que tod@s son iguales", la infalible necesidad de disputa en una relación aunque sea por decidir quien tendrá el poder del control remoto de la tele esa tarde es la marca de fábrica de una buena parte de las relaciones actuales.
En comparación con lo anterior, cualquier otro tipo de relación estable parece tediosa, monótona y aburrida. Las eternas disputas (y si no las hay, pues nos las arreglamos para buscar un motivo fundado ó infundado para discutir) es lo que hace una relación apasionada, seductora, de emotividad intensificada y sexualidad trascendente. La tele, los anuncios, las canciones populares, nuestra escasa formación cultural , el pobre ó nulo control que tenemos sobre nuestras emociones y la cobardía con la que las encaramos confabula para convencernos de que el amor no es real a menos que sea deprimentenmente arrollador pues "para querer hay que sufrir" (así dicen, ¿cierto?). Aún cuando la relación se vuelva hiriente, recimos el mensaje subyacente de que es la experiencia más intensa que se ha vivido ó viviremos, parece que en este orden de ideas esa es la infalible fórmula que conservará una fuente de energía emocional que mantenga vivo el fuego de la pasión más allá del punto en el cual se enfrían la mayor parte de las relaciones reales.
Quienes se conducen así inevitablemente ascienden a la cumbre de la esperanza más estimulante producto de sus fantasías, pero inevitablemente terminan pagando sus expectativas ilusorias con decepción vacío ,desesperación y un largo score de relaciones tormentosas porque en nuestra "zona de comfort" no admitimos que el problema real de tiene raíces profundas y escabrosas, pero es mejor evadirlas esperando a que llegue el ó la salvador(a).
Una relación sana aspira a la confianza, al afecto y el respeto mutuo, no a las disputas ni motivos para estar en constante controversia, tampoco es sano ceder a todo, porque eso es falta de carácter y también termina por aniquilar una relación. Cierto, el camino no está excento de dificultades que primero requieren de hablarse antes de crear una quimera de proporciones descomunales.
Desde luego que mi intención con todo lo anterior no es para nada etiquetar como obsesiva una relación intensa y romántica...pero definitivamente no creo en eso de "Para amar hay que sufrir" son dos emociones totalmente antagónicas...aunque las cartas astrales y la autora de "Porque los hombres aman a las cabronas" de textos similares y conexos manifiesten rotundamente lo contrario.
Parece ser que desde tiempo atrás, la cultura popular ha fomentado la fascinación romántica por lo que vulgarmente conocemos como "El amor apache", en la cual las infidelidades, los apasionados reencuentros y frases como "Es que tod@s son iguales", la infalible necesidad de disputa en una relación aunque sea por decidir quien tendrá el poder del control remoto de la tele esa tarde es la marca de fábrica de una buena parte de las relaciones actuales.
En comparación con lo anterior, cualquier otro tipo de relación estable parece tediosa, monótona y aburrida. Las eternas disputas (y si no las hay, pues nos las arreglamos para buscar un motivo fundado ó infundado para discutir) es lo que hace una relación apasionada, seductora, de emotividad intensificada y sexualidad trascendente. La tele, los anuncios, las canciones populares, nuestra escasa formación cultural , el pobre ó nulo control que tenemos sobre nuestras emociones y la cobardía con la que las encaramos confabula para convencernos de que el amor no es real a menos que sea deprimentenmente arrollador pues "para querer hay que sufrir" (así dicen, ¿cierto?). Aún cuando la relación se vuelva hiriente, recimos el mensaje subyacente de que es la experiencia más intensa que se ha vivido ó viviremos, parece que en este orden de ideas esa es la infalible fórmula que conservará una fuente de energía emocional que mantenga vivo el fuego de la pasión más allá del punto en el cual se enfrían la mayor parte de las relaciones reales.
Quienes se conducen así inevitablemente ascienden a la cumbre de la esperanza más estimulante producto de sus fantasías, pero inevitablemente terminan pagando sus expectativas ilusorias con decepción vacío ,desesperación y un largo score de relaciones tormentosas porque en nuestra "zona de comfort" no admitimos que el problema real de tiene raíces profundas y escabrosas, pero es mejor evadirlas esperando a que llegue el ó la salvador(a).
Una relación sana aspira a la confianza, al afecto y el respeto mutuo, no a las disputas ni motivos para estar en constante controversia, tampoco es sano ceder a todo, porque eso es falta de carácter y también termina por aniquilar una relación. Cierto, el camino no está excento de dificultades que primero requieren de hablarse antes de crear una quimera de proporciones descomunales.
Desde luego que mi intención con todo lo anterior no es para nada etiquetar como obsesiva una relación intensa y romántica...pero definitivamente no creo en eso de "Para amar hay que sufrir" son dos emociones totalmente antagónicas...aunque las cartas astrales y la autora de "Porque los hombres aman a las cabronas" de textos similares y conexos manifiesten rotundamente lo contrario.



